viernes, 6 de agosto de 2010

ARGENTINA Y EL MUNDO: UNA VISIÓN.

Esta nota ha sido hecha a pedido de un amigo para una publicación local, espero le sirva.
Si existe una cuestión de la que se puede dudar poco, es que nos ha tocado vivir en un mundo caracterizado por la Globalización. Las distancias medidas en tiempo se acortan, todo parece pasar muy cerca nuestro, o al menos así lo percibimos. Este mundo globalizado nos ofrece, a la vez, mayores oportunidades pero también más riesgos. A todos nos gustaría aprovechar dichas oportunidades y evadirnos de los riesgos, eso no es factible; oportunidades y riesgos se nos presentan en forma de combo en el actual contexto mundial. Los que comen los alimentos que producimos, quieren que usemos sus zapatillas.
En sistemas presidencialistas como el argentino, donde el presidente es a la vez, la máxima autoridad del Estado nacional, representándonos a todos, y jefe del gobierno, representando como tal a una parte, se pueden producir contradicciones entre ambas dimensiones políticas. Esas contradicciones se exacerban en el marco de un mundo globalizado. La forma en la que, inteligentemente, el diseño institucional evita estos inconvenientes es limitando la duración de los gobiernos para impedir que este (la parte), quiera apropiarse del todo, (el Estado nación). El ejercicio del poder que como ciudadanos nos da la democracia es el complemento indispensable para que evitemos dicho avance. Nuestra responsabilidad es usarlo con sabiduría.
En el contexto de la crisis económica financiera que afecta a algunos países de Europa Dani Rodrick plantea: La crisis es otra manifestación de lo que llamo "el trilema de la economía mundial"; la mundialización económica, la democracia política y el Estado-nación son irreconciliables. Podemos tener, como máximo, dos a la vez. La democracia es compatible con la soberanía nacional sólo si limitamos la mundialización. Si intensificamos la mundialización, al tiempo que conservamos el Estado-nación, debemos abandonar la democracia y, si queremos democracia junto con la mundialización, debemos dejar de lado el Estado-nación y luchar por un mayor gobierno internacional. Dudo respecto a la fuerza de las afirmaciones, aunque considero que con vaivenes el mundo tenderá lentamente, hacia la última de las combinaciones: mundialización económica + mayor gobierno internacional de base democrática. Aunque, en definitiva, eso es hacer futurología.
En general existe cierto consenso en que el poder y las oportunidades económicas se están corriendo del Oeste hacia el Este, y del Norte al Sur del mundo. El dinamismo y el peso económico internacional de países como China, India o Brasil, parecieran confirmar esta tendencia, dependerá de ellos y de las circunstancias mundiales, lograr que esto se transforme en un realidad de largo plazo, por lo pronto este escenario nos ofrece como sociedad argentina mayores oportunidades que amenazas.
Un fenómeno propio de este siglo XXI es que la población mundial que vive en zonas urbanas, en ciudades, supera a la de las zonas rurales. La modernidad ha estado acompañada siempre por un proceso de urbanización. Este hecho es de gran relevancia para una sociedad como la nuestra que produce eficientemente alimentos, porque personas del campo que antes consumían poco de lo que producían para su subsistencia, ahora viven en ciudades y deben comprar alimentos en supermercados y nosotros podemos proveérselos a costos competitivos. De hecho se estima que las exportaciones de granos y derivados argentinas superarán en 2010 los 100 millones de toneladas, generando divisas por más de 60 000 millones de dólares e ingresos para el Estado por cerca de los 7000 millones de dólares en concepto de derechos de exportación (las famosas retenciones).
Cada uno de nosotros en la búsqueda de nuestro interés personal le exigimos al Estado que nos permita aprovechar en la totalidad las oportunidades que nos ofrece el mundo y a la vez que nos proteja de los riesgos que este nos presentan. Suponer que dicha combinación es factible, es como mínimo ser inocente. Pidiendo demasiado, podríamos exigir que el Estado limite los daños, que la mundialización económica genera; sabiendo que para un país con las características del nuestro y con la dotación de recursos que disponemos aislarnos del mundo significaría desaprovechar más oportunidades que evitar riesgos. Las posibilidades están en el mundo, exijamos inteligencia y astucia a nuestros gobiernos, sabiendo que nosotros somos los que les prestamos ese poder que es nuestro y que es a nosotros a los que nos deben responder.
[1] Este artículo ha sido publicado en el Blog del autor: Sociedad, Estado y Globalización. La última publicación del autor conjuntamente con Pablo Agresti es: Sociedad y Estado en un Mundo Globalizado, Eudeba, julio de 2010.

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