http://davidjimenezblog.com/2012/02/28/el-triunfo-de-los-mediocres/
A partir de leerlo me puse a pensar en la competencia. Uno puede creerse el mejor del mundo, pero la verdad queda a la vista cuando nos medimos con otros. Cuando competimos. Ganamos o perdemos, estamos entre los primeros, entre los del medio o entre los últimos. La competencia funciona como un instrumento de medición, útil para nosotros y para los demás. La competencia, casi no miente, si depende de las reglas. Por ello las reglas pueden determinar en buena medida el resultado de dicha competencia, como así también los jueces que las aplican. Todos los que eligen competir están guiados por la necesidad, la obligación y/o el gusto por la competencia, todos saben que quienes mejor conozcan las reglas y mas las sepan aprovechar obtendrá un mejor resultado en la competencia. El problema surge en los sistemas en los que la competencia se define, no por la preparación previa, no por el conocimiento y aprovechamiento de las reglas, sino por el conocimiento y/o aprovechamiento del conocimiento del juez que las aplica. En estos últimos casos, el resultado es pésimo, porque los competidores se ven obligados a gastar sus energías y recursos, no es su preparación, no en el análisis de las reglas, sino en obtener el favor del juez. Todos pierden a la larga, inclusive el juez porque los que no obtuvieron su favor ponen sus energías en destruirlo y lo consiguen, porque los que pierden siempre son mas, naturalmente. Estos sistemas son los que tienen por resultado la MEDIOCRIDAD. De ahí que para el caso Argentino hace un siglo largo, el consejo de Martin Fierro, fue: hacete amigo del juez.
Ahora bien como se esconde dicha mediocridad, no compitiendo. Aislandonos. Una opción siempre tentadora para nuestra genética nacional. Individualmente no entrar en competencia puede ser una opción elegible, mala, pero disponible. Ahora bien, esa opción no puede ser posible como conjunto social, porque conduce al atraso. En ese atraso pierden todos y como siempre, mas se perjudican, los que menos tienen. Las reglas que hoy rigen al mundo nos favorecen como pais, si nos decidimos a participar en la competencia, las probabilidades de éxito son altas. Pero para competir afuera, hay que hacerlo indefectiblemente, adentro.